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13 de abril de 2010

Buscando Formas Enriquecedoras de Diversión - Revista Cranwell - Abril 2010

Terminaron las vacaciones y la mayoría de las mamás sentimos alivio porque finalmente nuestros hijos tendrán que volver a la escuela. Es verdad que las vacaciones son un poco largas, casi tres meses, pero además a eso se suma el hecho de que muchos de nuestros hijos no saben divertirse si no es con la televisión o con los videojuegos. Si las mamás trabajamos, queremos que pasen el día lo más ocupados posible para que no molesten a quien los cuida, para que no distorsionen las rutinas del hogar. Si estamos en casa con ellos, es posible que tengamos nuestras propias responsabilidades o tareas y que no podamos estar ahí para entretenerlos. Las vacaciones ya terminaron pero cuando llegue el fin de semana, o la Semana de Turismo o cualquier feriado, estaremos frente a la misma situación. ¿Cómo hacemos para sobrevivir al tiempo libre sin que nuestros hijos pasen 24 horas en frente al televisor? ¿Y por qué no?

Recuerdo que cuando era chica, 20 ó 30 años atrás, la televisión empezaba a las cinco de la tarde. Teníamos una hora de dibujitos y después “a jugar” solos o con la compañía de alguien más pero a jugar. Y así pasábamos las tardes o los fines de semana, imaginando ser distintas personas, impostando distintas voces, armando casas o fuertes, escribiendo historias o coleccionando variados objetos. Pero un buen día la televisión empezó a extender su horario, y poco a poco fue ganando terreno. Y en medio de esto aparecieron los videojuegos que hoy no tienen ni comparación con los que solían ser. No hay dudas de que en medio de todos los canales de cable, hay muchos programas que podemos considerar educativos pero cuántos. A medida que crecen nuestros hijos dejan de ver esos programas para pasar a otros que no nos gustan tanto pero que los dejamos ver igual para que no sean los únicos que no los ven, o porque los entretienen los suficiente como para que nosotras o la persona a cargo pueda hacer todo lo que quiera sin ser interrumpida.

Lo mismo sucede con los videojuegos o con la computadora. Lo que es peor aún, les trasmite una idea equivocada de lo que es el juego. Los niños se acostumbran a jugar solos, con un “compañero” que no discute sus decisiones, a quien pueden cambiar o resetear cada vez que el juego no se da como ellos quieren, un “compañero” del que se pueden “deshacer” cuando ya no quieren jugar más. ¿Esto es jugar? ¿Esto es entretenerse? Definitivamente, no.

Muchos han estudiado y escrito sobre la importancia del juego. El juego (aquel del que solíamos disfrutar antes que la televisión y los videojuegos nos invadieran) le permite al niño expresarse, aprender y comunicarse. Es mediante el juego que aprende a manipular objetos y a dominar su cuerpo para alcanzarlos. También, aprende a relacionarse con otros niños y con el mundo que lo rodea. Con el juego favorecemos el desarrollo del pensamiento abstracto, así como la creatividad y la imaginación. Más aún, está comprobado que existe una estrecha conexión entre el juego y la exitosa resolución de situaciones/ problemas.
[1] Y la fantasía, ingrediente fundamental en el juego, provee al niño de flexibilidad intelectual, un ingrediente vital en muchos órdenes de la vida.

El tema entonces es, cómo hacemos para que nuestros niños se entretengan sin depender del televisor o la computadora. Para empezar es importante que los juguetes que tenga sean acordes a su edad, a la etapa evolutiva que el niño atraviesa. Al principio, necesitará de nuestra ayuda para saber que se espera de él, cuáles son los pasos a seguir para que el juego tenga lugar y sea divertido. Tenemos que estar prontos y dispuestos a apoyarlo cuando la situación no resulte como el niño la esperaba y así lo ayudaremos a manejar la frustración. Y en más de una oportunidad tendremos que aceptar que ese juego en particular no lo entretiene o no es para él.

Recuerdo decir a una maestra, compañera de trabajo, que independientemente de la edad, nuestros hijos siempre tendrían que contar con bloques para armar, materiales para dibujar o pintar, muñecos variados, disfraces, libros, y algún juego de caja (desde un puzzle hasta un ludo o un tablero de ajedrez). Todos estos objetos, ayudarán a nuestros hijos a desarrollar el concepto abstracto, la creatividad, la fantasía, así como la tolerancia, la paciencia, y el respecto cuando jueguen con otros. Y si se diera la situación de que no tienen nada que hacer, … aburrirse también es sano y los obliga a usar sus cabecitas en busca de algo que les ayude a pasar la tarde mejor.

La televisión puede ser entretenida e informativa, pero no es el mejor ni el único maestro que nuestros hijos pueden tener para disfrutar de su tiempo libre. Entonces, aunque al principio nos de más trabajo, es preferible mostrarles otros caminos para que se diviertan y que los ayuden a hacer de sus horas libres algo útil y enriquecedor.

[1] HUGHES, Fergus. P.: Children, Play, and Development. SAGE Publications, Inc. USA, 1999, p. 19.

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