¡Cómo olvidar ese primer momento! ¡Esa piel tan suavecita! Los ojitos que se abren y cierran tratando de adaptarse a un nuevo mundo. El primer llanto, los primeros mimos … esa conexión única, especial; esa sensación de plenitud!!!
Los seres humanos hemos de ser los únicos mamíferos que una vez que nacemos, no logramos valernos por nosotros mismos hasta aproximadamente 9 meses después (cuando comenzamos a caminar). El bebé recién nacido precisa de su madre tanto como el aire que respira. Además de la alimentación, el contacto, el cariño, la contención que el bebé necesita, su mamá es el nexo entre el antes y el después del nacimiento. Su respiración, su olor, su voz, los latidos del corazón … son todo lo que esa pequeña criatura reconoce en este mundo nuevo, donde todo es más grande, más ruidoso, más frío. ¡Qué gratificante es cuando en medio de un ataque de llantos, lo tomamos entre nuestros brazos, lo ponemos sobre nuestro pecho y milagrosamente nuestro bebé se calma! Pero no, no es un milagro; es un bebé reconociendo a su mamá en medio de todas las demás personas!!! La mamá es tierra firme para ese pequeño “barco” que ha empezado a navegar.
Durante estos primeros meses, mamá y bebé irán estableciendo un vínculo único y especial. El bebé será como una extensión de su mamá y muchas veces, con su increíble capacidad de intuición, nos contará todo aquello que nosotras no logramos ver o entender de nosotras mismas. Si hacemos uso de dicha oportunidad podremos descubrir nuestras expectativas como madres que se confrontan con la realidad, nuestros miedos tanto en nuestro rol de madres, como en el de mujeres, nuestros proyectos personales que tal vez sintamos han quedado en pausa, nuestras frustraciones, nuestras necesidades. Una vez que logremos escuchar a nuestro corazón, podremos seguir lo que manda nuestra intuición y así la relación mamá-bebé será enriquecedora tanto para el bebé como para la mamá.
Muchas veces hemos oído decir que la fusión de la madre con su pequeño se logra teniendo al bebé en brazos continuamente. Personalmente, y habiendo tenido mellizos, no creo que la fusión dependa ni única ni principalmente de cargar al bebé cada vez que este así lo requiera. El apego, que tanto nos preocupa a las mamás, depende más de cómo nos desempeñemos en nuestro rol que de estar a la merced de los requerimientos de un bebé que descubre increíblemente rápido cómo manipularnos. El contacto físico así como la comunicación sincera y abierta con nuestro bebé son fundamentales para el desarrollo del apego tanto como lo son las rutinas y los hábitos del diario vivir. Son éstos los que trasmiten seguridad al bebé; seguridad de qué esperar ante ciertas situaciones, seguridad de cuál es su lugar en nuestra vida y de cuál es el rol de su mamá.
¡Cuidado! Comunicación sincera y abierta no quiere decir, en ningún momento, participar a un bebé o a un niño del mundo de los adultos. La mamá podrá ir participando e integrando al niño al mundo en el que vive nombrando las cosas que lo rodean, nombrando aquello subjetivo, no tangible que sucede alrededor del niño y que lo afecta directa o indirectamente como algunas de las tantas emociones que vivimos las mamás en esta etapa: la incontenible felicidad de tenerlo en brazos, esa que nos emociona con el simple hecho de mirarlo, la alegría que nos produce saber que está creciendo tanto como debe, o tal vez la angustia que genera el cansancio después de una mala noche, nuestra preocupación porque no se alimenta como esperamos, etc. etc. etc. A través de esta comunicación, el niño irá construyendo su visión del mundo en lo objetivo y en lo subjetivo; en lo que ve, como su mamá y sus juguetes y en lo que siente o percibe, como la alegría, el dolor, la tristeza.
A su vez, las mamás tendremos que prestar cuidadosa atención al “hablar” de nuestro bebé. Todas sabemos que el llanto, al igual que otras formas de comunicación, varía según lo que busque expresar: cuando un bebé llora puede ser hambre, un provecho, frío o calor, pañales sucios, sueño, o simplemente la necesidad de mimos! Aprender a escuchar requiere no solo de un buen oído, sino también de dedicación, de poder ser objetivo a la hora de juzgar qué sucede y sobre todo de permitir que nuestro instinto materno nos guíe.
La comunicación clara y concreta le permitirá a nuestro bebé organizar su pensamiento, saber qué esperar de las situaciones que se le presentan así como comprender qué le sucede a él y al otro. Es así como el niño descubre la sinceridad, la apertura y la empatía.
Cuando el pequeño comience a gatear, poco a poco empezará a independizarse. Pronto querrá extender los límites de su conquista y para poder seguir con el descubrimiento del nuevo mundo al que pertenece, usará a su mamá como base segura a la que retornará una y otra vez. En estas paradas estratégicas, en tierra firme, el niño buscará abastecerse de cuidados, cariño, besos. También buscará ese contacto con su mamá que le permitirá descifrar aquello que no entiende, trasmitir aquello que todavía no puede o simplemente confirmar que lo que ha hecho hasta entonces está bien. Esta “recarga” alimenta la autoestima y la seguridad del niño, permitiéndole continuar con la aventura del descubrimiento.
El lugar más seguro para un barco es el puerto, pero los barcos no fueron hechos para eso. Como puertos que somos, desde el primer día, es importante que a nuestros hijos les demos la calidad y la cantidad de tiempo necesario para que sientan la seguridad y la confianza que les permita recorrer los confines de su mundo sabiendo que siempre estará ese puerto seguro al que pueden volver siempre que así lo deseen.
Los seres humanos hemos de ser los únicos mamíferos que una vez que nacemos, no logramos valernos por nosotros mismos hasta aproximadamente 9 meses después (cuando comenzamos a caminar). El bebé recién nacido precisa de su madre tanto como el aire que respira. Además de la alimentación, el contacto, el cariño, la contención que el bebé necesita, su mamá es el nexo entre el antes y el después del nacimiento. Su respiración, su olor, su voz, los latidos del corazón … son todo lo que esa pequeña criatura reconoce en este mundo nuevo, donde todo es más grande, más ruidoso, más frío. ¡Qué gratificante es cuando en medio de un ataque de llantos, lo tomamos entre nuestros brazos, lo ponemos sobre nuestro pecho y milagrosamente nuestro bebé se calma! Pero no, no es un milagro; es un bebé reconociendo a su mamá en medio de todas las demás personas!!! La mamá es tierra firme para ese pequeño “barco” que ha empezado a navegar.
Durante estos primeros meses, mamá y bebé irán estableciendo un vínculo único y especial. El bebé será como una extensión de su mamá y muchas veces, con su increíble capacidad de intuición, nos contará todo aquello que nosotras no logramos ver o entender de nosotras mismas. Si hacemos uso de dicha oportunidad podremos descubrir nuestras expectativas como madres que se confrontan con la realidad, nuestros miedos tanto en nuestro rol de madres, como en el de mujeres, nuestros proyectos personales que tal vez sintamos han quedado en pausa, nuestras frustraciones, nuestras necesidades. Una vez que logremos escuchar a nuestro corazón, podremos seguir lo que manda nuestra intuición y así la relación mamá-bebé será enriquecedora tanto para el bebé como para la mamá.
Muchas veces hemos oído decir que la fusión de la madre con su pequeño se logra teniendo al bebé en brazos continuamente. Personalmente, y habiendo tenido mellizos, no creo que la fusión dependa ni única ni principalmente de cargar al bebé cada vez que este así lo requiera. El apego, que tanto nos preocupa a las mamás, depende más de cómo nos desempeñemos en nuestro rol que de estar a la merced de los requerimientos de un bebé que descubre increíblemente rápido cómo manipularnos. El contacto físico así como la comunicación sincera y abierta con nuestro bebé son fundamentales para el desarrollo del apego tanto como lo son las rutinas y los hábitos del diario vivir. Son éstos los que trasmiten seguridad al bebé; seguridad de qué esperar ante ciertas situaciones, seguridad de cuál es su lugar en nuestra vida y de cuál es el rol de su mamá.
¡Cuidado! Comunicación sincera y abierta no quiere decir, en ningún momento, participar a un bebé o a un niño del mundo de los adultos. La mamá podrá ir participando e integrando al niño al mundo en el que vive nombrando las cosas que lo rodean, nombrando aquello subjetivo, no tangible que sucede alrededor del niño y que lo afecta directa o indirectamente como algunas de las tantas emociones que vivimos las mamás en esta etapa: la incontenible felicidad de tenerlo en brazos, esa que nos emociona con el simple hecho de mirarlo, la alegría que nos produce saber que está creciendo tanto como debe, o tal vez la angustia que genera el cansancio después de una mala noche, nuestra preocupación porque no se alimenta como esperamos, etc. etc. etc. A través de esta comunicación, el niño irá construyendo su visión del mundo en lo objetivo y en lo subjetivo; en lo que ve, como su mamá y sus juguetes y en lo que siente o percibe, como la alegría, el dolor, la tristeza.
A su vez, las mamás tendremos que prestar cuidadosa atención al “hablar” de nuestro bebé. Todas sabemos que el llanto, al igual que otras formas de comunicación, varía según lo que busque expresar: cuando un bebé llora puede ser hambre, un provecho, frío o calor, pañales sucios, sueño, o simplemente la necesidad de mimos! Aprender a escuchar requiere no solo de un buen oído, sino también de dedicación, de poder ser objetivo a la hora de juzgar qué sucede y sobre todo de permitir que nuestro instinto materno nos guíe.
La comunicación clara y concreta le permitirá a nuestro bebé organizar su pensamiento, saber qué esperar de las situaciones que se le presentan así como comprender qué le sucede a él y al otro. Es así como el niño descubre la sinceridad, la apertura y la empatía.
Cuando el pequeño comience a gatear, poco a poco empezará a independizarse. Pronto querrá extender los límites de su conquista y para poder seguir con el descubrimiento del nuevo mundo al que pertenece, usará a su mamá como base segura a la que retornará una y otra vez. En estas paradas estratégicas, en tierra firme, el niño buscará abastecerse de cuidados, cariño, besos. También buscará ese contacto con su mamá que le permitirá descifrar aquello que no entiende, trasmitir aquello que todavía no puede o simplemente confirmar que lo que ha hecho hasta entonces está bien. Esta “recarga” alimenta la autoestima y la seguridad del niño, permitiéndole continuar con la aventura del descubrimiento.
El lugar más seguro para un barco es el puerto, pero los barcos no fueron hechos para eso. Como puertos que somos, desde el primer día, es importante que a nuestros hijos les demos la calidad y la cantidad de tiempo necesario para que sientan la seguridad y la confianza que les permita recorrer los confines de su mundo sabiendo que siempre estará ese puerto seguro al que pueden volver siempre que así lo deseen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario