¡Bienvenidas a la Maternidad!

En este mundo en que vivimos, donde parece que todo vale, los padres solemos encontrarnos perdidos a la hora de definir nuestro rol en la vida familiar y la forma de encarar la educación de nuestros hijos.

Ser Mamás desde el Corazón busca acompañarnos a todas las mamás en esta gratificante pero no tan fácil tarea de la maternidad. Si compartimos nuestras experiencias, encontramos respuestas a nuestras dudas, y podemos sentir que no estamos solas, entonces estaremos ayudándonos a ser mamás desde el corazón.
“Hay millones de buenas maneras de criar hijos, tantas como madres en el mundo, siempre que ejerzan su rol escuchando a su propio corazón.” Laura Gutman

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31 de julio de 2010

El despertar de las sensaciones - Revista Todopapis Julio - Agosto 2010

Durante la primera infancia, el desarrollo cognitivo tiene un ritmo extraordinario. El niño se ve expuesto a una cantidad de sensaciones que contribuirán en la formación de sus percepciones sobre objetos, personas, partes del cuerpo, etc. Hacia el final del primer año, habrá alcanzado una comprensión básica sobre la naturaleza de los objetos, las personas que los rodean y sus atributos fundamentales. Próximo al final de los 2 años, podrán anticipar acontecimientos y deducir cosas.
El desarrollo del sistema sensorial y de la percepción es fundamental en esta primera etapa porque es gracias a la vista, oído, olfato, gusto y tacto que el niño logrará analizar, interpretar, e integrar la información de su entorno; esto contribuye al desarrollo de otros logros superiores.

(Ver más en Revista Todopapis)

27 de julio de 2010

Contigo, no. ¡Con Papá! - Revista Cranwell, Julio 2010

Las mamás soñamos con el momento que nuestro hijo/a se nos despegue y quiera ir un rato con su papá pero cuando esa frase llega, una avalancha de sentimientos encontrados se apodera de nosotras. Los papás de hoy no son los papás de antes. Pero, ¿qué pasó?

En un comienzo, cuando los seres humanos eran nómades, el hombre dejaba a su mujer y a sus “crías” para salir a la caza y a la pesca, y así alimentar a su “rebaño”. La mujer era la que estaba con los niños todo el día, el hombre tenía otras obligaciones y poco participaba de la educación de sus hijos. A medida que fuimos evolucionando, que apareció la agricultura y nos fuimos estableciendo, el hombre siguió desarrollando sus roles fuera del núcleo familiar en la búsqueda de poderío, en la conquista de territorios, en el desarrollo profesional, mientras que nuestro lugar pareció quedar socialmente relegado al cuidado del hogar y la crianza de los hijos.

De aquellos años a la fecha, las cosas han cambiado mucho, tanto para hombres como para mujeres. La aparición de la pastilla anticonceptiva revolucionó a la sociedad, dándonos el poder de planificar la maternidad acorde a nuestras necesidades personales y permitiéndonos crecer profesionalmente para salir al mercado laboral, un mundo en dónde, hasta entonces, los hombres eran mayoría. Este cambio, esta revolución, “forzó” al hombre a tomar otro papel dentro de su familia; especialmente en relación a los hijos. Desde los años 70 hasta hoy en día, el rol del padre ha ido ganando experiencia y reconocimiento, y hoy no hay quien dude de la importancia del hombre en el desarrollo de sus hijos, desde la concepción en adelante.

Mientras estamos embarazadas, la compañía, la comprensión y la protección de nuestra pareja son fundamentales. Nos miramos al espejo y ya no reconocemos nuestro cuerpo; nuestras emociones van y vienen sin parar y a veces, no logramos identificar lo que nos sucede. Una vez que nuestro bebé nace, la mayoría de los hombres debe aprender a descubrir su instinto paternal.

Muchas veces, las mamás esperamos que este instinto paternal surja tan pronto como a nosotras nos baja la leche después del nacimiento y la verdad es que no siempre es así. A partir de que sostenemos nuestra primera muñeca, nosotras nos “entrenamos” para invocar el instinto maternal, nos postergamos por nuestro retoño, y asumimos el rol de madre con cierta entrega, y hasta sumisión. No todos los hombres lo viven así, y por eso ellos siguen con sus rutinas, sus actividades, su vida profesional “como si nada”. Son incontables las charlas que recuerdo: “yo creo que tendrías que postergar algo tú también, no?”, “¡¿tenés fútbol justo a esa hora?!”, “¿¿¿invitaste amigos a casa???”

A medida que el instinto paternal se va despertando, los momentos del papá con su pequeño van en aumento así como el disfrute por su nuevo rol. Pero el rol del padre, del hombre de la casa, también es fundamental para nosotras, esposas y madres. Él es quien nos dará una palabra de aliento cada vez que nos sintamos perdidas, es quien nos protegerá de los interminables consejos que “nos lloverán” de todos lados, es quien nos aplaudirá con los logros de nuestros niños, es en quien podremos delegar algunas tareas del hogar para no sentir que “todo” se nos va de las manos. ¡De más está aclarar que en muchos casos estos papás también ayudarán con mamaderas, baños, pañales, y hasta visitas al médico!

A partir de los dos años, el niño se volverá más independiente y en esta nueva etapa el papá deberá ayudarnos a separarnos de nuestro niño. Este momento es muy esperado por los padres que desde el día que nace el pequeño no hacen más que soñar con el momento en que hablen, caminen, etc. etc. Al principio, puede que las mamás tengamos que ayudar y orientar a los papás en qué hacer, a dónde ir, a qué jugar. Creo que es importante que las mamás les demos a los papás las herramientas necesarias para que estos momentos sean especiales para todos.

Los niños, por su parte, están deseosos de descubrir el mundo de la mano de alguien más que nosotras. El padre abrirá nuevos horizontes para el niño, estableciendo con su hijo/a una relación que está basada en códigos distintos a aquellos de la relación con nosotras. Así, poco a poco, irá comprendiendo que el mundo no se trata solamente de amor, contacto, nutrición, sino también de nuevas experiencias, tal vez más excitantes, más peligrosas, donde hay que correr más riesgos. Entonces, entre otros, jugarán a las “luchas”, a las “cosquillas”, habrá chistes que no entendemos y pronto disfrutarán de cierta complicidad en la que nosotras no entramos. Y hasta puede que en alguna oportunidad nos sintamos dejadas de lado, “abandonadas” por esa criaturita que hasta unos meses atrás nos necesitaba para absolutamente todo. Pero así es como debe ser. El rol del padre adquiere gran importancia para ayudar y apoyar el proceso natural de maduración del niño.

Vivimos en una sociedad de cambio. Los períodos generacionales cada vez son más cortos y así como podemos encontrar hombres que dominan su rol de padre, habrá otros que les cueste un poco más. Las mujeres, las mamás, tenemos la obligación, la responsabilidad de fomentar la relación padre – hijos. Esto no es sólo para que nos ayuden, sino para que participen en las vidas de los pequeños enriqueciendo su crecimiento con distintos puntos de vista, distintas vivencias, distintas reacciones, etc. etc. etc. Nos gusta que nuestros hijos digan que “mamá hay una sola”. Pero ayudemos para que también sientan y defiendan que “papá hay uno solo y por suerte me tocó a mí”.

6 de junio de 2010

Vínculo mamá y bebé - Revista “Mamá & Bebé” - Junio 2010

¡Cómo olvidar ese primer momento! ¡Esa piel tan suavecita! Los ojitos que se abren y cierran tratando de adaptarse a un nuevo mundo. El primer llanto, los primeros mimos … esa conexión única, especial; esa sensación de plenitud!!!

Los seres humanos hemos de ser los únicos mamíferos que una vez que nacemos, no logramos valernos por nosotros mismos hasta aproximadamente 9 meses después (cuando comenzamos a caminar). El bebé recién nacido precisa de su madre tanto como el aire que respira. Además de la alimentación, el contacto, el cariño, la contención que el bebé necesita, su mamá es el nexo entre el antes y el después del nacimiento. Su respiración, su olor, su voz, los latidos del corazón … son todo lo que esa pequeña criatura reconoce en este mundo nuevo, donde todo es más grande, más ruidoso, más frío. ¡Qué gratificante es cuando en medio de un ataque de llantos, lo tomamos entre nuestros brazos, lo ponemos sobre nuestro pecho y milagrosamente nuestro bebé se calma! Pero no, no es un milagro; es un bebé reconociendo a su mamá en medio de todas las demás personas!!! La mamá es tierra firme para ese pequeño “barco” que ha empezado a navegar.

Durante estos primeros meses, mamá y bebé irán estableciendo un vínculo único y especial. El bebé será como una extensión de su mamá y muchas veces, con su increíble capacidad de intuición, nos contará todo aquello que nosotras no logramos ver o entender de nosotras mismas. Si hacemos uso de dicha oportunidad podremos descubrir nuestras expectativas como madres que se confrontan con la realidad, nuestros miedos tanto en nuestro rol de madres, como en el de mujeres, nuestros proyectos personales que tal vez sintamos han quedado en pausa, nuestras frustraciones, nuestras necesidades. Una vez que logremos escuchar a nuestro corazón, podremos seguir lo que manda nuestra intuición y así la relación mamá-bebé será enriquecedora tanto para el bebé como para la mamá.

Muchas veces hemos oído decir que la fusión de la madre con su pequeño se logra teniendo al bebé en brazos continuamente. Personalmente, y habiendo tenido mellizos, no creo que la fusión dependa ni única ni principalmente de cargar al bebé cada vez que este así lo requiera. El apego, que tanto nos preocupa a las mamás, depende más de cómo nos desempeñemos en nuestro rol que de estar a la merced de los requerimientos de un bebé que descubre increíblemente rápido cómo manipularnos. El contacto físico así como la comunicación sincera y abierta con nuestro bebé son fundamentales para el desarrollo del apego tanto como lo son las rutinas y los hábitos del diario vivir. Son éstos los que trasmiten seguridad al bebé; seguridad de qué esperar ante ciertas situaciones, seguridad de cuál es su lugar en nuestra vida y de cuál es el rol de su mamá.

¡Cuidado! Comunicación sincera y abierta no quiere decir, en ningún momento, participar a un bebé o a un niño del mundo de los adultos. La mamá podrá ir participando e integrando al niño al mundo en el que vive nombrando las cosas que lo rodean, nombrando aquello subjetivo, no tangible que sucede alrededor del niño y que lo afecta directa o indirectamente como algunas de las tantas emociones que vivimos las mamás en esta etapa: la incontenible felicidad de tenerlo en brazos, esa que nos emociona con el simple hecho de mirarlo, la alegría que nos produce saber que está creciendo tanto como debe, o tal vez la angustia que genera el cansancio después de una mala noche, nuestra preocupación porque no se alimenta como esperamos, etc. etc. etc. A través de esta comunicación, el niño irá construyendo su visión del mundo en lo objetivo y en lo subjetivo; en lo que ve, como su mamá y sus juguetes y en lo que siente o percibe, como la alegría, el dolor, la tristeza.

A su vez, las mamás tendremos que prestar cuidadosa atención al “hablar” de nuestro bebé. Todas sabemos que el llanto, al igual que otras formas de comunicación, varía según lo que busque expresar: cuando un bebé llora puede ser hambre, un provecho, frío o calor, pañales sucios, sueño, o simplemente la necesidad de mimos! Aprender a escuchar requiere no solo de un buen oído, sino también de dedicación, de poder ser objetivo a la hora de juzgar qué sucede y sobre todo de permitir que nuestro instinto materno nos guíe.

La comunicación clara y concreta le permitirá a nuestro bebé organizar su pensamiento, saber qué esperar de las situaciones que se le presentan así como comprender qué le sucede a él y al otro. Es así como el niño descubre la sinceridad, la apertura y la empatía.

Cuando el pequeño comience a gatear, poco a poco empezará a independizarse. Pronto querrá extender los límites de su conquista y para poder seguir con el descubrimiento del nuevo mundo al que pertenece, usará a su mamá como base segura a la que retornará una y otra vez. En estas paradas estratégicas, en tierra firme, el niño buscará abastecerse de cuidados, cariño, besos. También buscará ese contacto con su mamá que le permitirá descifrar aquello que no entiende, trasmitir aquello que todavía no puede o simplemente confirmar que lo que ha hecho hasta entonces está bien. Esta “recarga” alimenta la autoestima y la seguridad del niño, permitiéndole continuar con la aventura del descubrimiento.

El lugar más seguro para un barco es el puerto, pero los barcos no fueron hechos para eso. Como puertos que somos, desde el primer día, es importante que a nuestros hijos les demos la calidad y la cantidad de tiempo necesario para que sientan la seguridad y la confianza que les permita recorrer los confines de su mundo sabiendo que siempre estará ese puerto seguro al que pueden volver siempre que así lo deseen.

16 de mayo de 2010

Los padres educan ... ¿y los abuelos malcrían? - Revista Cranwell - Mayo 2010

No hay duda de que la educación de nuestros hijos es responsabilidad de nosotros, sus padres. Pero vayamos por partes.

Educar, no es tarea fácil … Como padres nos enfrentamos, en el día a día, a situaciones nuevas que nos dejan sin aliento, que nos hacen perder la paciencia, que distan del ideal que teníamos en mente. Y de hecho, en más de una ocasión, tenemos que hacer el papel del “malo” de la película, algo que no le gusta a nadie, pero que sin duda es nuestra obligación porque somos sus padres. Los abuelos, por su parte, tienen el grato placer de haber dado vuelta la página de la educación. Ya fueron padres, ya jugaron nuestro papel y en la mayoría de los casos no tienen ganas de hacer de suplentes, por lo que se sentarán tranquilamente a disfrutar de nuestros hijos. Y cuando digo “disfrutar” me refiero al acto de vivir las actitudes, los comentarios, las hazañas, las travesuras, etc., etc. en forma despreocupada, como mirando desde afuera. Algo que a nosotros, los padres, nos cuesta hacer porque muchas veces nos sentimos responsables por el actuar de nuestros hijos y estamos prontos para corregir estas “situaciones”. Los abuelos, en cambio, viven el actuar de sus nietos con cierto placer y si bien saben que no corresponde, “…y bueno, son cosas de niños”.

Pero el problema no está sólo en el disfrute. La profesión de padres es una profesión difícil. No existen manuales y, como si fuera poco, la experiencia ajena podrá ser un referente pero nunca se ajusta en un 100% a la realidad que cada padre vive con cada uno de sus hijos; porque cada casa es distinta y cada hijo es distinto. Los padres vamos construyendo nuestro rol sobre la marcha y vamos aprendiendo a ser padres al mismo tiempo que nuestros hijos aprenden a ser seres humanos. Los abuelos, muchas veces, en al afán de darnos una mano, de ayudarnos con su experiencia, parecen haberse olvidado que “se hace camino al andar” y que cada padre quiere y necesita saber que lleva las riendas de la educación de su hijo. En otros casos, cuando abuelos y padres tienen puntos de vista distintos - y cuando digo distintos no digo ni mejor ni peor, solo distintos - les cuesta aceptar que sus nietos no recibirán la educación que ellos entienden “correcta”. Así, en más de una ocasión, juzgarán o mirarán nuestras “formas” de educar con ojos dudosos; alguna que otra vez se les escapará su opinión y, tal vez, hasta traten de amparar a nuestros hijos cuando nosotros dictemos sentencia frente a alguna situación particular. Laura Gutman sostiene que “Hay millones de buenas maneras de criar hijos, tantas como madres (y padres) en el mundo, siempre que ejerzan su rol escuchando a su propio corazón.” Y esto es algo que ninguna de las partes debe olvidar.

Ahora bien, dicho todo lo anterior, si les preguntáramos a nuestros hijos quienes conforman su familia, en la gran mayoría de los casos los abuelos integrarán esa lista privilegiada. Porque para los niños los abuelos son importantes referentes en sus vidas: para muchos son sus “segundos padres”, “sus amigos”, “sus confidentes” y mucho más. Los niños los necesitan y es fundamental que los abuelos jueguen el papel que tienen que jugar: el papel de abuelos. El papel del disfrute, aceptando y respetando las decisiones de los padres, que son los verdaderos responsables de la educación de los niños.

Si padres y abuelos son complementarios en la educación, son nuestros niños, sus nietos, los que se beneficiarán con las actitudes coherentes entre ambas generaciones (I. Tiba, en “Quien Ama Educa”, 2009). En realidad, nada que una charla sincera y respetuosa no pueda solucionar. Porque cuando la intención es dar amor, todos estamos dispuestos a ceder un poquito por el bien de nuestro más preciado tesoro, nuestros hijos, o nuestros nietos, según del lado que nos toque estar.

13 de abril de 2010

Buscando Formas Enriquecedoras de Diversión - Revista Cranwell - Abril 2010

Terminaron las vacaciones y la mayoría de las mamás sentimos alivio porque finalmente nuestros hijos tendrán que volver a la escuela. Es verdad que las vacaciones son un poco largas, casi tres meses, pero además a eso se suma el hecho de que muchos de nuestros hijos no saben divertirse si no es con la televisión o con los videojuegos. Si las mamás trabajamos, queremos que pasen el día lo más ocupados posible para que no molesten a quien los cuida, para que no distorsionen las rutinas del hogar. Si estamos en casa con ellos, es posible que tengamos nuestras propias responsabilidades o tareas y que no podamos estar ahí para entretenerlos. Las vacaciones ya terminaron pero cuando llegue el fin de semana, o la Semana de Turismo o cualquier feriado, estaremos frente a la misma situación. ¿Cómo hacemos para sobrevivir al tiempo libre sin que nuestros hijos pasen 24 horas en frente al televisor? ¿Y por qué no?

Recuerdo que cuando era chica, 20 ó 30 años atrás, la televisión empezaba a las cinco de la tarde. Teníamos una hora de dibujitos y después “a jugar” solos o con la compañía de alguien más pero a jugar. Y así pasábamos las tardes o los fines de semana, imaginando ser distintas personas, impostando distintas voces, armando casas o fuertes, escribiendo historias o coleccionando variados objetos. Pero un buen día la televisión empezó a extender su horario, y poco a poco fue ganando terreno. Y en medio de esto aparecieron los videojuegos que hoy no tienen ni comparación con los que solían ser. No hay dudas de que en medio de todos los canales de cable, hay muchos programas que podemos considerar educativos pero cuántos. A medida que crecen nuestros hijos dejan de ver esos programas para pasar a otros que no nos gustan tanto pero que los dejamos ver igual para que no sean los únicos que no los ven, o porque los entretienen los suficiente como para que nosotras o la persona a cargo pueda hacer todo lo que quiera sin ser interrumpida.

Lo mismo sucede con los videojuegos o con la computadora. Lo que es peor aún, les trasmite una idea equivocada de lo que es el juego. Los niños se acostumbran a jugar solos, con un “compañero” que no discute sus decisiones, a quien pueden cambiar o resetear cada vez que el juego no se da como ellos quieren, un “compañero” del que se pueden “deshacer” cuando ya no quieren jugar más. ¿Esto es jugar? ¿Esto es entretenerse? Definitivamente, no.

Muchos han estudiado y escrito sobre la importancia del juego. El juego (aquel del que solíamos disfrutar antes que la televisión y los videojuegos nos invadieran) le permite al niño expresarse, aprender y comunicarse. Es mediante el juego que aprende a manipular objetos y a dominar su cuerpo para alcanzarlos. También, aprende a relacionarse con otros niños y con el mundo que lo rodea. Con el juego favorecemos el desarrollo del pensamiento abstracto, así como la creatividad y la imaginación. Más aún, está comprobado que existe una estrecha conexión entre el juego y la exitosa resolución de situaciones/ problemas.
[1] Y la fantasía, ingrediente fundamental en el juego, provee al niño de flexibilidad intelectual, un ingrediente vital en muchos órdenes de la vida.

El tema entonces es, cómo hacemos para que nuestros niños se entretengan sin depender del televisor o la computadora. Para empezar es importante que los juguetes que tenga sean acordes a su edad, a la etapa evolutiva que el niño atraviesa. Al principio, necesitará de nuestra ayuda para saber que se espera de él, cuáles son los pasos a seguir para que el juego tenga lugar y sea divertido. Tenemos que estar prontos y dispuestos a apoyarlo cuando la situación no resulte como el niño la esperaba y así lo ayudaremos a manejar la frustración. Y en más de una oportunidad tendremos que aceptar que ese juego en particular no lo entretiene o no es para él.

Recuerdo decir a una maestra, compañera de trabajo, que independientemente de la edad, nuestros hijos siempre tendrían que contar con bloques para armar, materiales para dibujar o pintar, muñecos variados, disfraces, libros, y algún juego de caja (desde un puzzle hasta un ludo o un tablero de ajedrez). Todos estos objetos, ayudarán a nuestros hijos a desarrollar el concepto abstracto, la creatividad, la fantasía, así como la tolerancia, la paciencia, y el respecto cuando jueguen con otros. Y si se diera la situación de que no tienen nada que hacer, … aburrirse también es sano y los obliga a usar sus cabecitas en busca de algo que les ayude a pasar la tarde mejor.

La televisión puede ser entretenida e informativa, pero no es el mejor ni el único maestro que nuestros hijos pueden tener para disfrutar de su tiempo libre. Entonces, aunque al principio nos de más trabajo, es preferible mostrarles otros caminos para que se diviertan y que los ayuden a hacer de sus horas libres algo útil y enriquecedor.

[1] HUGHES, Fergus. P.: Children, Play, and Development. SAGE Publications, Inc. USA, 1999, p. 19.